sábado, 25 de noviembre de 2006

El Juego como punto de Partida



Espectáculos
Agustina Vera y Federico Salles Gribodo
en "A las Cuatro"
Mecha Fernández y Rony Keselman, creadores dedicados a preservar un espacio"Creemos que en lo inmediato y cotidiano, la violencia, el miedo, la desigualdad y la incertidumbre están a la orden del día y ningún niño (consciente o inconscientemente) es ajeno a todo esto. ¿Qué podemos hacer nosotros desde nuestro lugar? -se preguntan Mecha Fernández y Rony Keselman, autores de Amorcitos y de ¡A las cuatro! , dos espectáculos de danza y música que ocuparon exitosamente la cartelera para niños de esta temporada. "Honestamente, lo que podemos hacer y hacemos es crear en escena un espacio alternativo, diferente. Un oasis construido sobre la base de poesía, música, luces y cuerpos en movimiento. Queremos darles a los chicos y a sus familias un bálsamo de cincuenta minutos. Un espacio de comunión en el que las sonrisas provocadas por el arte reemplacen a los pucheros provocados por la vida. Un instante para que todos recuerden que a la cuenta de cuatro se puede salir a jugar un buen rato." La coreógrafa Mecha Fernández es autora de muchos diseños coreográficos en teatro para adultos y para niños, y Rony Keselman es un músico muy activo que ha participado con sus composiciones en obras teatrales y recitales. "Los dos hacemos mucho teatro para adultos, es cierto -dice Mecha Fernández-, pero el teatro para los niños y, particularmente, nuestra producción en común con Rony, ocupa un lugar muy especial para ambos. Es un espacio sagrado. Escribiendo, dirigiendo, coreografiando y componiendo la música de nuestras obras sentimos una inmensa libertad, que está íntimamente relacionada con la alegría, la poesía, la amistad, los sueños en común y, sobre todo, con ese niño interior que no nos dejamos robar." Rony Keselman, quien se inició en el teatro para niños componiendo canciones para el grupo Catarsis, habla de lo mucho que disfruta de la creación de estos proyectos que se proponen contar historias con la música y la danza. "Generalmente escribimos nuestras obras como una gran secuencia de acción, con su historia y conflictos. Luego, en la sala de ensayo comienza el proceso de investigación actoral, corporal y musical. Abrimos el juego para que los actores/bailarines investiguen, prueben y jueguen adentrándose en cada situación en particular hasta apropiarse de ellas." "Es el momento -dice Fernández- en que se abre el «Laboratorio Mecha- Rony». Sabemos que tenemos que transitar por una zona de caos y locura para que fluyan los canales creativos y luego llegarán los ensayos arduos en los que habrá que sincronizar todos los movimientos con la banda sonora y sus efectos especiales, esos que tanto nos gusta introducir y que ya se convirtieron en nuestra marca de fábrica." "En síntesis -dice Keselman-, como buenos amantes de la música, concebimos nuestros espectáculos como una gran partitura que debe ejecutarse en tiempo y forma." Arrancar con el cuatro "El punto de arranque de A las cuatro , nuestra obra de esta temporada -siguen diciendo-, fue sencillamente el número cuatro. Pensamos que A las cuatro es una buena hora para salir a jugar, ir a pasear, al teatro, por ejemplo. Focalizados en este concepto visualizamos a dos niños encontrándose en diferentes entornos y situaciones con un objetivo en común: jugar. Durante un año armamos, desarmamos y volvimos a armar escenas hasta que nos quedamos con las que finalmente conforman y estructuran el universo de la obra. Con el correr del tiempo y ya en la etapa en la cual nos dedicábamos a ajustar y pulir las escenas que estaban montadas -agrega-, descubrimos que por debajo de lo que estábamos contando existía un tema recurrente que aparecía y se plasmaba de diferentes maneras, colores y matices: el miedo. Fue un hallazgo sorpresivo y revelador. En el cuadro de obertura, al que llamamos «Los bebes», encontramos el miedo a perder el equilibrio y caerse. En el primer cuadro: «Los niños», el miedo a un objeto extraño que parece estar animado. En el segundo, el cuadro «Todo es cuatro», el miedo al ridículo. En el tercer cuadro, «Tarde de perros», el miedo a ser menos que el otro, al que podemos sintetizar en una frase que define la unidad dramática en cuestión: «Mi perro es mejor que el tuyo». El último cuadro, «Noche de fantasmas», se articula en torno al miedo a nuestros propios fantasmas." "Las canciones que forman parte de la obra nacieron naturalmente como resultado del clima general en el cual estábamos trabajando -aclara Rony- y pretenden rescatar la atmósfera de alegría, diversión y poesía que reinaba en el transcurso de nuestro trabajo en progreso. También, como sentimos que la música es sonido y es silencio, decidimos trabajar en un cuadro específico con la ausencia de la banda sonora incidental. Sólo se escuchan los sonidos que produce el actor con su cuerpo y mediante la manipulación de una sábana. En realidad, los niños, con sus comentarios, componen la banda sonora en cada función. "Comprobamos -dice Mecha- que a los chicos les gustó, y en realidad se convirtió en al cuadro preferido de chicos y grandes". En cuanto a nuevos proyectos, afirman tener dos nuevas obras en carpeta, una pequeña y otra para un elenco grande (que requerirá más presupuesto de producción) que empezarán a trabajar con su grupo, "en todo hueco de tiempo" que encuentren. Amorcitos y ¡A las cuatro! están este fin de semana en el Teatro de la Galera, Humboldt 1591, y hasta el 9 de diciembre con el Teatro Itinerante del gobierno de la ciudad.
Por Ruth Mehl


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