

"La Familia" con los Pimpinela.
Dirección: Valeria Ambrocio. Música: Gaby Goldman. Coreografía: Mecha Fernández.
Auditorio Mar del Plata










"De Paraguas" de Silvia Copello - Música Rony Keselman - Mecha Fernández
"Robin Hood" de Héctor Presa - Ángel Malher - Mecha Fernández
"María Elena" de Héctor Presa - Ángel Malher - Mecha Fernández

Miradas, recuerdos y modos de trabajar de la coreógrafa Mecha Fernández Por Ruth Mehl "Diseñar coreografías es pintar imágenes en el escenario; es jugar en silencio, aun sin las palabras, aun sin la música", dice Mecha Fernández, mientras uno cae en la cuenta de que, con sus gestos unidos a las palabras, la coreógrafa está dibujando también esta conversación. Lo primero que surge como pregunta, al tomar conciencia de que han pasado 20 años desde sus primeros trabajos, –que son el arranque de toda una trayectoria en la escena infantil–, es cómo ve ella la evolución de la coreografía como parte del código del teatro musical e incluso del teatro en general. "Antes –cuenta– yo me decía: «Bueno, ahora viene unbailecito». Es que así se concebía el musical; una escena de diálogo y acción; un baile con una canción, que podía agregar o no algo a lo que se estaba mostrando; otra escena; otro baile. Ahora, la idea estética es muy diferente. En cierto sentido, todo está coreografiado; el chico tiene una capacidad muy grande de observación, especialmente cuando se trata de movimiento. Nada puede estar librado al azar. Hasta cuando no suena la música hay un ritmo corporal. Es más: actualmente se está hablando de la corpografía, que viene a ser la coreografía actuada. Ahora –sigue explicando– dirigimos la escena en cuanto a la puesta, cuidando los ritmos, sin pausa, y es un trabajo de equipo, de mucha concentración."
Diferencias Fernández rememora su aprendizaje con los directores de teatro para chicos. "Trabajé con el Grupo Catarsis y recuerdo, por ejemplo, como insistía Manuel González Gil, en cierta actitud hacia el público infantil relacionada con la acción corporal. Se trata de una sinceidad; de que el movimiento sea franco, sin vericuetos, no erotizado; algo que los chicos reconozcan y que puedan imitar. Esto es muy diferente de que los actores se hagan los bebotes. Significa que la actitud es pura, limpia; algo que el chico acepta sin esfuerzo. Otra cosa importante también es que haya repetición, lo que llamamos el número tres: que las cosas vuelvan a ser dichas, actuadas, bailadas, para que el niño las encuentre, las recuerde y, si quiere, las imite", señala.
Directores y estilos Además de trabajar como coreógrafa y directora en teatro para adultos y comedias musicales, es una habitual colaboradora del grupo La Galera Encantada. Asimismo, es autora de la celebrada coreografía de María Elena, que estrenó el Teatro San Martín en esta temporada y que cautivó especialmente a la platea de adultos que acompañaban a los niños. "Fue un trabajo de mucha investigación con Héctor Presa, el director. Estábamos ubicados en un escenario circular; entonces, me sentaba en istintos puntos y miraba por dónde pasaban las diagonales: un desafío si uno trabaja casi siempre con el teatro a la italiana. En María Elena buscamos, y creo que lo logramos, que el movimiento avanzara y se integrara al texto y a la acción; que la canción se bailara y la danza se cantara; es una cuestión de gestualidad, y el entendimiento con el director tiene que ser muy bueno. Personalmente, me gusta esta relación con el director, con quien nos planteamos las escenas, y puedo aportar ideas especialmente sobre la forma de integrar la coreografía, que cada vez parece darle otra dimensión a la escena teatral. Por supuesto, la última palabra la tiene el director, pero la experiencia te enseña a trabajar en equipo." Mecha Fernández suele intentar que la coreografía sea una escena más dentro del mismo color de la paleta que plantea la obra. "Por ejemplo, en De paraguas , de Silvia Copello, casi no hay texto; la coreografía destaca el protagonismo de los paraguas y juega con el tema de la lluvi, sugerido por la música. Hay un diálogo entre los paraguas mediante el movimiento."
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Muchos espectáculos para chicos que incluyen canciones suelen ofrecer en venta los CD, para que los niños se los lleven a su casa y recuerden lo que vieron, lo recreen, o inventen nuevos juegos para disfrutar de las canciones y el movimiento que la música les sugiere.
Es indudable que los textos y su poesía también son importantes, porque los niños se valen de las palabras para recordar las melodías, y el contenido es esencial, ya que en algún momento (el de ellos) reconocerán su sentido y las procesarán.
DESDE BUENOS AIRES. ARGENTINA
“María Elena”. Una biografía musical: Volver a los ‘60
Por Susana Llahí y María de los Ángeles Sanz
Hay un espacio donde el niño y el adulto detienen el tiempo, es el espacio del juego; el escenario de la sala Casacuberta del Teatro San Martín en los escasos setenta minutos que duró el juego fue el lugar donde el tiempo real se transformó en un tiempo suspendido para el placer de niños de todas las edades. El grupo
La pregnancia de Lali Lastra en el escenario, su ductilidad, el manejo de la voz, junto a una coreografía estudiada por la brillante Mecha Fernández, no desperdicio ni un solo momento el espacio, y conjugó sonido, luz y movimiento para conmover al público y arrancarle a los niños de más edad, lágrimas de emoción. Las canciones se sucedían y se mezclaban elevando en potencia su propio procedimiento de entrelazar lunas con gatos, y hacer estallar los significantes.
Todo comienza con una historia pequeña; niños que quieren visitar a alguien que conocen a través de la memoria de padres y abuelos, y con aire de travesura ingresan en la casa de María Elena, porque como todos muy bien sabemos nunca contesta el teléfono, y podríamos agregar tampoco los mails. Pero la moraleja, si es que podemos llamarla así, es que quien quiere acercarse de verdad, no necesita tecnología de punta, ya que muchas veces produce el efecto inverso, sino decisión, ánimo de aventura y mucha, mucha imaginación. El árbol de vida lleno de canciones que enmarcaba el fondo del escenario, es alegórico en más de un sentido. Las canciones son parte de la vida de su autora, pero autora, canciones y vida han crecido, vivido y dado frutos que saborearemos por siempre en el precioso espacio del imaginario colectivo, y que como en el mundo del revés, para hablar del hoy nos remiten al ayer. Un merecido párrafo aparte merece el grupo de actores, que recrearon las canciones que los espectadores coreaban en sus butacas. María Elena no es solamente un homenaje a una creadora fantástica, es un maravilloso espectáculo que no necesita de la nostalgia para suspender la emoción; pero sin embargo, aconsejamos a los adultos acompañantes que no sólo apaguen sus celulares sino que no se olviden de llevar muchos pañuelos.
Ficha Técnica: María Elena. Dirección: Héctor Presa. Sala Casacuberta del TGSM. Elenco: Lali Lastra, Matías Zarina, Gastón D’Angelo, Sol Ajuria, Maria Pomeraniec, Luciana, Larocca. Arreglos musicales y banda sonora: Angel Mahler. Escenografía: Marta Albertinazzi. Coreografía: Mecha Fernández. Vestuario: Mini Zuccheri.


María Elena recrea, con imaginación y poesía, un día en la vida de la autora de personajes entrañables, como Manuelita la Tortuga, y de canciones que se convirtieron en clásicos de la literatura infantil; por citar algunas: El Reino del Revés y Canción para tomar el té.
En la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, el grupo La Galera Encantada -que este año celebra su 30ø aniversario-, hace este espectáculo para toda la familia, que rinde homenaje a una gran artista. Lo proponen para niños a partir de 3 años; pero si bien los más chiquitos disfrutan de la obra por el colorido de la escenografía, la gracia de los intérpretes y las canciones de María Elena Walsh, la puesta cuenta una historia para más grandecitos.
¿Cómo trabaja María Elena? ¿Cómo es su casa? ¿De dónde salen versos tan disparatados que cantó -y sigue cantando- más de una generación? ¿Por qué no atiende el teléfono? ¿Quién ordena sus papeles? ¿Cuántos escritos desecha? Cinco chicos quieren saberlo y buscan las respuestas haciendo una visita, sin previo anuncio, a la escritora.
Este espectáculo con autoría y dirección de Héctor Presa, tiene un elenco en el que se destaca Lali Lastra, actriz que interpreta a la gran compositora y cantante. Sol Ajuria, Gastón D'Angelo, Luciana Larocca, Marina Pomeraniec y Matías Zarini componen a un grupo de amigos que entran a la casa de la reconocida escritora, para averiguar cómo escribe esas canciones que escucharon sus padres y ahora los deleitan a ellos. Una vez dentro de la casa son descubiertos por María Elena quien, lejos de enojarse por la intromisión, los toma por asistentes que han llegado para colaborar con el arreglo de su escritorio. Es el disparador para recorrer las canciones y los relatos que hicieron famosa a Walsh.
Los arreglos musicales y la banda sonora son de Angel Mahler; la coreografía, de Mecha Fernández; la iluminación, de Alberto Lemme; el vestuario, de Mini Zuccheri; la escenografía, de Marta Albertinazzi y la música, de María Elena Walsh. La duración es de 70 minutos.
A lo largo de la puesta, los protagonistas entonan con buenas voces esas canciones que nadie ignora y a las que, espontáneamente, se suma el coro del público. Curiosamente, los que alzan su voz más fuerte para acompañar a los actores cuando cantan son los padres y los abuelos de la platea.